jueves, 17 de julio de 2008

Mitología griega. EL ORIGEN DEL MUNDO IV

La soberanía de Zeus

Los dioses Olímpicos resuelven que la soberanía recae sobre Zeus. Los Titanes han pagado el precio de su infamia. Zeus asume la soberanía y reparte privilegios y honores entre los dioses. Instituye un universo divino jerárquico, organizado y, por consiguiente, estable. El teatro del mundo está abierto, la escena está puesta. En la cumbre reina Zeus, ordenador de un mundo surgido originalmente de Caos.

Las artimañas del poder.

Se podrá pensar que todo está concluido, pero, naturalmente, no es así. La nueva generación divina ocupa un lugar. Al frente está Zeus, rey de los dioses, que no sólo ha desplazado a Cronos sino que es su contrario. Cronos era la ausencia de la justicia, así como de consideración para sus aliados. Zeus basa su dominación sobre cierta justicia, demuestra preocupación por la igualdad en la manera de favorecer a las demás divinidades. Corrige todo aquello que había de unilateralidad personal. Instituye una forma de soberanía más moderada, equilibrada.
La primera esposa de Zeus se llama Metis, esa forma de inteligencia que le permitió conquistar el poder: metis, la astucia, la capacidad de anticipar lo que sucederá, de no dejarse sorprender ni vencer por nada, de dejar un flanco vulnerable a un ataque inesperado. Zeus desposa a Metis, que en poco tiempo está encinta de Atenea. Pero teme que un hijo lo destrone, como sucedió cuando Cronos gobernaba y fue el mismo Zeus quien lo destronó. ¿Cómo ha de evitarlo?
Nuevamente volvemos al tema de la ingestión. Cronos devoraba a sus hijos, pero no llegó a la raíz del mal porque una metis, una artimaña, lo hizo vomitarlos. Zeus quiere resolver el problema de manera mucho más drástica. Se dice que la solución es una sola: no basta con que Metis esté a su lado como esposa, él mismo debe ser Metis. ¿Cómo hacerlo? Metis tiene el poder de la metamorfosis, de tomar cualquier forma a la manera de Tetis y otras divinidades marinas. Puede volverse un animal salvaje, una hormiga…
Zeus interroga a Metis:
-¿Es verdad que puedes adoptar cualquier forma? ¿Podrías convertirte en una gota de agua?
- Por supuesto.
- Demuéstralo.
Apenas se transforma en gota de agua, Zeus la traga. La astucia ha triunfado. A partir de entonces encarna esa clarividencia astuta que le permite desbaratar anticipadamente los planes de quien pretenda sorprenderlo y destituirlo. Su esposa Metis, encinta de Atenea, se encuentra en su vientre. Por consiguiente, Atenea no saldrá del seno de su madre sino de la cabeza hinchada de su padre, que se vuelve como el vientre de Metis. Zeus aúlla de dolor. Prometeo y Hefesto acuden a socorrerlo. Tiene un hacha de doble hoja, dan a Zeus un golpe en el cráneo y, con un fuerte grito, de la cabeza del dios sale Atenea, joven virgen armada de pies a cabeza con casco, lanza, escudo y corazón de bronce. Atenea, la diosa llena de astucia. A partir de ese momento, toda la astucia del mundo está concentrada en la cabeza de Zeus. Así se resuelve el gran problema de la soberanía. Nada puede amenazar el orden cósmico.

La guerra ha finalizado. Hay vencedores – los Olímpicos – y vencidos – los Titanes -. En realidad nada está resuelto, porque después de la victoria de Zeus, cuando parece que en el mundo reina la paz, en ese momento preciso Gea da a luz un nuevo ser joven cuyo nombre es Tifón. Lo ha engendrado luego de unirse por amor, bajo el impulso de Afrodita, con un personaje masculino llamado Tártaro. Ese pozo sin fondo en su propio seno que representa un eco del Caos primordial. Subterráneo, brumoso, nocturno, Tártaro pertenece a una estirpe totalmente distinta a las potencias celestes del Olimpo.


Tifón, o la crisis del poder supremo


Tifón ataca a Zeus. Éste obtiene la victoria mediante un estremecimiento de la tierra, un trastorno de los elementos. La lucha de Tifón contra Zeus es la del monstruo de centenares de ojos llameantes contra la luminosidad de la mirada divina. Desde luego, el ojo luminoso de Zeus, la luz que proyecta, se impondrá sobre las llamas lanzadas por las cien cabezas viperinas del monstruo. Ojo contra ojo. Es Zeus quien gana.

Hay una historia en la que vence la astucia, pero Tifón no aparece como una bestia multiforme o un coloso sino como un animal acuático, una ballena inmensa que ocupa todo el espacio marino. Tifón vive en una gruta marina donde es imposible luchar contra él porque el rayo de Zeus no llega hasta el fondo del mar. Nuevamente, la astucia cambia esta situación. Como es un animal de gran apetito, Hermes, patrono de los pescadores –quien ha enseñado a su hijo Pan a pescar-, prepara un plato de pescado para el monstruo. Tifón sale de su antro y come en tal cantidad que su panza se infla y no puede volver a su guarida. Echado sobre la playa, es un blanco fácil para Zeus, quien lo doblega sin dificultad.

Existen otras versiones sobre las particularidades del enfrentamiento entre el rey del Olimpo y Tifón. Puedes consultar en el libro de Jean –Pierre Vernant, “Érase una vez… el universo, los dioses, los hombres.”


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