domingo, 5 de abril de 2009

Día Mundial de la Salud - 7 de abril de 2009


El Día Mundial de la Salud 2009 se centrará en la seguridad de los establecimientos de salud y la preparación del personal sanitario que atiende a los afectados por situaciones de emergencia. Los centros de salud y el personal sanitario, de vital importancia para la población vulnerable en caso de desastre, son fundamentales para tratar lesiones, prevenir enfermedades y atender las necesidades sanitarias de la población.
Los centros de salud y el personal sanitario cubren las necesidades diarias que deben seguir atendiéndose en situaciones de emergencia, tales como, por ejemplo, los servicios de tocología, inmunización y atención de las enfermedades crónicas, y por ello son esenciales para la atención primaria en las comunidades. Sin embargo, los sistemas de salud que se encuentran en situación precaria a menudo no son capaces de seguir desempeñando su labor durante un desastre, lo que tiene consecuencias inmediatas y futuras para la salud pública.


Declaración de Día Mundial de la Salud


Dra. Margaret ChanDirectora General de la Organización Mundial de la Salud


Cuando se produce una emergencia o un desastre, la mayoría de las vidas se pierden o se salvan en los momentos inmediatos al suceso. La gente cuenta con que los hospitales y los establecimientos sanitarios responderán con rapidez y eficacia, como cuerda de salvamento y piedra angular del auxilio.

La tragedia de una catástrofe o situación de emergencia grave se ve exacerbada cuando los servicios de salud fallan. Cuando un hospital se derrumba o sus funciones quedan interrumpidas abruptamente, las vidas que dependen de la atención de emergencia pueden perderse. Las interrupciones de los servicios habituales también pueden ser nefastas.
En las situaciones de emergencia de grandes proporciones, tales como las provocadas por terremotos o inundaciones, algunos países han llegado a perder hasta el 50 por ciento de la capacidad hospitalaria, justo cuando más se necesitan los servicios capaces de salvar vidas.
Aparte de aumentar el sufrimiento y ser causa de un mayor número de muertes, el quebrantamiento de los servicios de salud durante una emergencia puede provocar protestas generalizadas, en especial cuando se cree que la mala calidad de las construcciones y el incumplimiento de las normas de construcción son la razón de ésta.
Esa preocupación pública está totalmente justificada. Como muestra el presente documento, es sorprendente lo poco que cuesta construir un nuevo hospital capaz de soportar las sacudidas de los terremotos, o el impacto de las inundaciones y de los fuertes vientos. Aún cuesta menos modernizar las instalaciones existentes para que los servicios puedan seguir funcionando en momentos críticos. E integrar en los planes hospitalarios un programa de gestión de riesgos y preparación para emergencias supone un costo insignificante.
Este año, para celebrar el Día Mundial de la Salud, la OMS va a proponer una serie de prácticas óptimas que pueden aplicarse en todos los contextos, con independencia de los recursos de que se disponga, a fin de hacer que los hospitales sean seguros en las situaciones de emergencia. Aparte de un emplazamiento seguro y una construcción resistente, una planificación adecuada y la realización previa de simulacros de emergencias pueden contribuir a mantener las funciones esenciales. Las medidas de eficacia comprobada que pueden aplicarse van desde la puesta en marcha de sistemas de alerta anticipada y las sencillas evaluaciones de seguridad hospitalaria, a la protección de los equipos y los suministros, la preparación del personal para gestionar una cantidad masiva de víctimas o la adopción de medidas para luchar contra las infecciones.
Los distintos tipos de emergencias conllevan distintos tipos de lesiones, tales como traumatismos por aplastamiento en el caso de los terremotos o hipotermia en el de las inundaciones, con sus correspondientes necesidades específicas en cuanto a formación y suministros. Esas necesidades pueden preverse con antelación, y la capacidad para hacer frente a un gran aumento de la demanda puede adaptarse para responder a éstas.
Pensar y planificar de cara al futuro es lo más inteligente. El número de emergencias y catástrofes está aumentando en todo el mundo. Esa tendencia continuará a medida que los procesos de urbanización provoquen hacinamientos de población en lugares no seguros y el cambio climático haga que aumente la frecuencia de los fenómenos climáticos extremos. Hemos de pensar que habrá un número creciente de zonas que estarán expuestas a desastres naturales.
Hay muchísimas experiencias que demuestran que es sumamente rentable, incluso a nivel político, que los hospitales sigan en pie y en funcionamiento como modelos de seguridad y solidez en medio de la catástrofe y la desesperación. No debemos olvidar nunca que los hospitales y los servicios de salud constituyen una importante inversión. Preservar su seguridad en situaciones de emergencia protege esa inversión, al tiempo que protege la salud y la seguridad de la población, nuestra principal preocupación.


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