martes, 3 de septiembre de 2013

Literatura para todos






 ¡Ya comenzamos a leer con quinto grado “Frin” de Luis María Pescetti!!!



De los capítulos que abordamos hasta ahora destaco el número 4. En el cual Frin visita el cementerio viejo junto a su querida Alma, y al final ella le confiesa que gusta de otro chico, llamado Arno.



“Regresaron hacia el lugar de la cruz grande. Quitaron algunas ramas y se sentaron uno al lado del otro. Después de un largo silencio, mientras seguía mirando el suelo, Alma le preguntó:


-¿Te puedo decir algo?
-¿Lo que te contó tu abuela? (Frin tomó una ramita).
-No…me tenés que prometer que no se lo vas a contar a nadie.
-Está bien.
-…que va a ser nuestro secreto.
-Ya entendí, dale.
-…(silencio mirando el suelo)
-…¿y?
-Me gusta Arno.
-¡…!
-…(Alma lo miró).
-…(Frin seguía jugando con su ramita).
-…¿Te enojaste?
-No… no, ¿por qué?
-¿Por qué pusiste esa cara?
-No puse ninguna cara.
-Te quedaste serio, Frin; no te hagás…
-Te digo que no.

Volvieron a quedarse callados.  Frin hizo algún comentario sobre la escuela, tratando de disimular su desconcierto. Al poco rato ya no quedaba nada de la magia anterior. Se levantaron y regresaron. Frin no ofreció la mano a Alma, ni ella la buscó. Separó los alambres, pasó ella. Pasó él.  Se subieron a las bicicletas  y tomaron el camino que los devolvía al pueblo. Pedaleando callados. Se oía el ruido de las ruedas en la tierra. Sus respiraciones. El ruido de la cadena de la bicicleta de Frin, cuic cuic. Alma gustaba de otro. Tan sencillo y tan corto como eso. Pero tan largo o tan imposible también.



PESCETTI, Luis María. “Frin” .—2ª ed.—Buenos Aires : Alfaguara,  2013.